El bosque invisible.
Bestias hambrientas, puedo sentir una calida brisa, desde la ciudad cuando miro al cielo y solo puedo sentirme confundido, escucho los murmullos espesos, se percibe el negro óptico, encerrado en mi habitación, con la puerta entre abierta por las torcidas bisagras, puedo sentir una leve vibración, los cristales de mi ventana se distorsionan y redireccionan momentos fugaces, yo me pierdo en una respiración profunda, cuando camino por las calles a ciegas, todas las esquinas parecen esperar compañía, el silencio es la parte mas aterrorizante de mi viaje, aseguro percibir destellos sedientos a la distancia próxima, cuando vago sin rumbo fijo por los interminables pasillos de los cuales aun no reconozco su existencia, puedo distinguir sombras palpitantes en medio del vacío, en ocasiones especiales decido salir corriendo atemorizado por mi sangre, de la cual nunca he visto una gota, cuando camino desorientado, perdido, atormentado, mi sensibilidad pierda capacidades, aun así puedo distinguir los espesos murmullos del bosque invisible, el aire se vuelve frío, difícil de soportar, por mi espalda corren los escalofríos propios del terror, aun cuando me pierdo en las armonías y disturbios de mi cabeza, cuando la luna pútrida en rojo se esconde, cuando el sol se anticipa rutinario o las vacilantes luces de la ciudad se esconden y vuelven a aparecer en un juego sin diversión, cuando los momentos fugaces y las estrellas toman una sola forma, aun entonces bestias hambrientas.
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